VISITAR ENFERMOS

 

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Visitar enfermos, conocidos o no, puede suponer un esfuerzo que nos cueste y que haga difícil, llevar a cabo estar gran tarea cristiana. Por muchas razones. Porque nos hiere íntimamente, el acercarnos a la persona que sufre, al misterio y la impotencia de sus dolencias. Quizás, porque nos esforzamos por integrar nuestros propio sufrimiento personal y ese testimonio de dolor ajeno, añade más turbulencia emocional a nuestra experiencia. 

Al hilo de las enseñanzas, de la valiosísima exhortación "Evangelii gaudium" (2013) del papa Francisco, podríamos decir, que: "Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio." Los enfermos son una de estas periferias que nos necesitan.

"Cartas de Nicodemo" de Dobraczyński, es un buen ejemplo de literatura sobre el misterio del sufrimiento y el dolor en la enfermedad. A través de veinticinco magníficas cartas, el protagonista se adentra, en todas estas amargas cuestiones. Describe muy bien, los pormenores del comportamiento psicológico de la persona que sufre angustia, ante la impotencia del mal. "Solamente ahora descubro en mí estas desagradables características del ser perseguido, que como una vid silvestre desea trepar sobre cualquier seto y está resentida contra todos porque ninguna la acerca al sol tanto como ella desearía."
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