Espiritualidad
SABER ESTAR SÓLO
17-04-2018
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Cada vez se oye hablar, con más frecuencia, de la soledad. Son muchas las noticias, libros, películas de actualidad que aluden a esta experiencia, profundísimamente humana y para nada, ajena a cada uno de nosostros mismos. Quizás, queda todavía la fuerte impronta de interpretarla negativamente o bien, eludirla como si no fuera con nosotros. Afortunadamente, son cada vez más, las voces que argumentan los matices positivos de la soledad y esa gran necesidad que tenemos todos, de integrarla en nuestras vidas, de manera sana y creativa. Algún autor, como nuestro FRANCESC TORRALBA, se atreve a proponer un "arte de saber estar sólo". "Hay una soledad buscada -dice- que es fuente de creación personal; un campo de experiencia e innovación de la propia personalidad. Lejos de ser una maldición o una condena, es una gracia y una verdadera revelación".
 
Nos podríamos preguntar:¿Se puede hablar de una "soledad sacerdotal"? A veces, parece como si el dinamismo pastoral cubriera todo el tiempo de nuestro ministerio y no hubiera ocasión para posibles pruebas desanimantes. El Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, dedica un pequeño apartado a este asunto, diciendo que "el sacerdote puede experimentar a cualquier edad y en cualquier situación la sensación de soledad. Hay una soledad que, lejos de ser entendida como aislamiento psicológico, es del todo normal, es consecuencia de vivir sinceramente el Evangelio y constituye una preciosa dimensión de la propia vida."

Olegario González de Cardenal aborda este interesantísimo tema, desde la experiencia de Jesucristo y desde la perspectiva de nuestra vida de creyentes, en un libro, excelente, titulado:"Jesucristo: soledad y compañía". Allí, comenta lo siguiente: " Jesús compartió nuestra soledad de mortales: la de los pobres y los marginados, la de las víctimas y la de los traicionados. Jesús padeció y redimió nuestra soledad haciendo de ella una ofrenda suplicante al Padre por todos nosotros. Por eso, a la sombra de su cruz y en la luz de su resurrección ningún hombre está solo."
 
José María Rodríguez Olaizola, en un libro fantástico, que aborda este tema que nos ocupa, comenta, citando a un amigo suyo: "Me pregunto si la Iglesia no tendría que intentar ofrecer una espiritualidad de la soledad, en este mundo donde tanta gente se siente sola". El autor jesuíta realiza ese intento en su obra "Bailar con la soledad" y dice: "Podemos aprender a bailar con la soledad. No es el fin del mundo, ni es una señal de fracaso. es, tan solo, otra música que forma parte de la banda sonora de la historia y de la vida. Y, aunque no lo creas, está en todas las historias, y en todas las vidas, por más que en cada una se presente de maneras diferentes".
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