VIDA DE ESTE CHICO
image-2ffcd2ee19ab080249e06e3ff002df17
 
Toby, el chaval protagonista, se podría decir que es un gamberro de primera; pero, muestra, en su manera de describir todo lo que le pasa, un gran corazón, inteligente y realmente bueno; pero, eso sí, inmerso en un mundo familiar complejo y difícil.
Hay mucho humor en las historias que nos relata y resultan, espléndidas y muy entretenidas, especialmente, por la manera de contarlas. Estamos ante un relato: desenfadado, humanísimo y crudamente real, verdadero manual de cómo puede llegar a vivirse, esa etapa tan especial de la vida, que llamamos juventud.

Las dos citas que encabezan esta magnífica novela autobiográfica, son muy significativas de la psicología del joven protagonista. Una es de Oscar Wilde: "El primer deber en la vida es adoptar una pose. Cuál sea el segundo no lo ha descubierto nadie todavía". Y la segunda cita es de Saul Alinsky: "Quien teme a la corrupción teme a la vida". El primer aforismo parece justificar ese mundo de apariencias provocativas que vive este joven y el segundo pensamiento, el crudo realismo, al que temos que saber plantar cara a lo largo de nuestras vidas, si realmente queremos llegar a madurar.

La lectura de este libro, me ha ayudado muchísimo a sintonizar con la psicología de los jóvenes. Hay en sus múltiples descripciones subjetivas, un gran caudal de información y ejemplos de sensiblidad sobre ese mundo suyo tan propio: la toma de postura lúdica ante las cosas; el carácter observador de muchas de sus miradas al mundo y a las personas que nos rodean; el impulso transgresor que los empuja a actuar ciegamente; la búsqueda solapada de sentido y amor, rodeado de unos modelos de referencia, muchas veves, desgraciadamente confusos.

Las alusiones religiosas son abundantes y la manera de expresarlas, muy respetuosas y humorísticas. Inolvidable, el relato de su primera confesión sacramental, gracias a los consejos de la hermana James.
En alguna ocasión, después de llevar a cabo alguna gamberrada mayúscula, dice, sin complejos: "Lloré otra vez esa noche en la cama. Finalmente me levanté de la cama, me arrodillé e hice una imitación de alguien que reza, luego hice una imitación de alguien que recibe paz e inspiración divina. Dejé de llorar. Sonreí y me obligué a sentir algo cálido en el pecho. Entonces me metí otra vez en la cama y miré al techo con expresión dichosa hasta que me dormí".
Recibe todas nuestras novedades en tu correo electrónico Suscríbete